Ekadanta Medial...'s profileekadanta medialunaPhotosBlogListsMore ![]() | Help |
te quiero, ni demasiado ni poco Pues sí. Y voy a decirte lo que pienso. Entre cientos y varios cientos de mensajes intercambiados a todas horas del día o de la noche, en cualquier idioma, bajo cualquier latitud o paralelo del planeta, están incluidas las palabras amor, cariño y las frases te quiero, te adoro y te quiero mucho, escritas, dibujadas y pronunciadas en colores o en signos sms, estrechamente vínculadas a publicidades, bienes de consumo, sabores y demás inventos humanos. En tiempos de crisis nos encontramos de todo. Nos venden de todo (o eso intentan). A estas alturas, y dentro de lo que cabe, los hay que quieren de verdad (son muy pero que muy pocos), los hay que te tienen cierto afecto (ahi depende del día, de la hora y de por donde sopla el viento...), y también los hay que necesitan que se les haga un favor (últimamente esto ocurre muy a menudo pero es humano, ¿que le vamos a hacer?). Y muchos, la gran mayoria, llaman cielo, mi amor o cariño, por sistema, juxtaponiendo unos tequiero y teadoros en sus conversaciones. En cualquier sitio que estés puedes escucharlos. Es una mezcla surrealista de vacio emocional. Se trata del amor líquido (Z. Barman), o de cómo en nuestra sociedad globalizada todo lo que nos rodea se va haciendo cada vez más volátil y precario, y cómo este desmoronamiento de la solidez acrecienta una sensación de incertidumbre, una ansiedad insaciable. Por ello, el homo economicus, consumista, absorbe por ósmosis las leyes del mercado y hace de sus relaciones bienes de consumo global: éfimeras o esporadicas, fácilmente desechables y sustituibles. Cuando los seres viven en un mundo precario, incierto, vacilante, líquido, no se atreven a emprender relaciones sólidas. No pretendo culparles de nada si soy una más, un grano de arena más. Y te tengo que confesar que algunas veces en mi vida, tampoco me he atrevido. Pienso que quizá, esta banalización de afecto se deba también al poco que hemos recibido o al poco que nos han enseñado a dar, en nuestra infancia. En fin, nadie nos ha enseñado el verdadero significado del amor, sólo nos han educado para dominar y poseer. Así que de caminos en senderos, llegaste a decirme: me quieres demasiado, y me pregunto yo, ¿te supone algún peligro? Le he dado muchas vueltas a tu frase y este planteamiento me parece equivocado: el peligro precisamente está en querer poco o mal, en querer con objetivos, pero no en querer demasiado. Y es más, creo que a nadie nos han querido demasiado de niños, pero a muchos nos han querido poco o erroneo. Por todo aquello, de adultos, desconocemos el verdadero significado del amor, y desde luego no sabemos ni darlo ni recibirlo: lo derrochamos cuando no viene a cuento y lo escatimamos cuando nos lo reclama alguién que de verdad lo necesita. Por mi parte, desde aquel día remoto en que cambió mi vida sin previo aviso, decidí que más valen todos los abrazos del mundo que calentar la visa, que cuando tu mirada se ilumina es como la luz de la noche y del día, que nuestras carcajadas de complicidad hacen de tormentas y calma, y que el amor es una fragancia, una dulce fuerza-fragilidad que surge como las nubes, entre olas y caricias. Y que no te quiero ni demasiado ni poco, solo que te quiero, así de sencillo. et que je ne t'aime pas ni trop ni peu, juste que je t'aime, voilà c'est simple (Ekadanta) Comments (7)
TrackbacksWeblogs that reference this entry
|
|
|