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en el interior del cuerpo hay coloresAve Fénix… cuenta la leyenda,
(Ekadanta)
El jardineroSi te llenas de mí yo reboso de ti. Incesantemente caemos, el uno en el otro.
Como luminoso chorro de aceite que mana en la almazara hasta olvidar quién es quién.
¿Quién está arriba? ¿Quién está abajo? Si tú te llenas de mí, Yo resumo de ti.
(Ignacio Abello, capítulo 2 - El jazmín de los poetas, fragmento poético)
Quiero que dibujas en mi piel,¿ Sino de qué van a servirme las alas sin vientO ?
el mañana está también escrito allí...(Supongo que será un ciclo natural...)
Poco antes del amanecer
a la misma hora pálida e indecisa
entre la noche y el día, dejó de soñar
y despertó a una realidad nueva e insólita.
Había luz y también oscuridad,
había sonidos y, sin embargo, un silencio abrumador.
Despertó con la música de las campanas.
<<En aquel instante tuvó conciencia de sí misma>>
Sola, es verdad.
Sola como un árbol en medio de una gran llanura
pero arraigada como el árbol en la tierra.
La luz del día era asombrosa,
la noche era un día espantoso,
esos momentos aislados resultaban eternidades congeladas,
la tierra se convertía en fluido,
las montañas se disolvían en valles,
brotaban jazmines de la desnuda roca
en un bosquecillo de olivos
donde crecían naranjos y almendros.
Allí terminaba el sueño.
<<Entonces, sin saber por qué, empezó a llorar suave y desoladamente como una niña perdida>>
Un poco de aire y una mirada al sol,
la sonrisa en el rostro de un pájaro,
un bocado de la manzana de la intuición
aunque te vuelva polvo y cenizas en la boca.
¡Ve sumando!
Cuando uno crece enfrentándose con esto de una vez,
aunque la mitad de la gente no lo haga nunca,
uno aprende que siempre,
siempre hay algo que pagar por haber nacido,
que crecer significa renunciar a lo que más te hace feliz.
<<Y un instante después estaba despierta, despierta del todo…>>
Sólo permanecía un ser ahora,
un único ser que quizá se arriesgaría
pensaría y decidiría.
Una sola vida que vivir.
Una luz débil coloreaba el trozo de cielo de la madrugada,
el jardín estaba aún oscuro pero aspiró el perfume de las rosas
y escuchó el caer armonioso del agua en la fuente del león.
(Ekadanta)
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