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    Hay días en los que quisiera ser Viento y no estar...

     
    Esencia sin presencia,
    Eclipse, metáfora en disfraces,
    Hay días en los que ella, no está,
    Que la lluvia cae sin cesar, opiada,
    Y me veo repentinamente ausente.
     
    Allá abajo, como hormigas,
    La gente camina sin rostros,
    Solo con apegos y prisas,
    Le invade una terrible escasez de llenar,
    O vaciar, toda el alma en una página,
    Un trozo de algo,
    Un mito de realidad,
    Y que se desagüen cada retazo mal cortado de la vida.
     
    Entonces las causas provocan reacciones,
    Se unen en un efímero llamado de necesidad,
    La desaparición toma forma,
    En un pensamiento fugaz, recuerdas,
    Un garabato extraño y lejano,
    Como un arcoiris visto por encima.
     
    ...y la lluvia sigue imparable,
    mientras sentirse puedan en un beso
    dos almas confundidas.
     
     
     (Ekadanta)

    Equinoccio de Alquimia


    ...Emigrante, saltimbanqui, enamorada de la bohemia,
    Una tesitura mirando en torno mío la hierba verde pálido,
    Que se extiende por el horizonte hasta un cielo sin nubes,
    Iluminado por los últimos rayos soñadores del sol poniente,
    Viajero incesante entre las olas de letra y palabra,
    Las ideas de piel de seda del aloe vera,
    Respirando el incienso de los abstractos,
    O experimentando la sensación del aire fresco.

    ¿No observas como los pájaros dejaron de volar,
    las marmotas de correr y los perros de ladrar?

    El aire vibra dulcemente y trae de lejos la música de una canción
    que penetra hasta el corazón de los hombres, de las bestias y de las aves,
    la tierra y el cielo contienen el aliento,
    el viento cesa de soplar y el sol detiene su carrera.

    En un momento como aquél,
    el lobo que se aproxima a los carneros hace alto en su marcha solapada,
    el rebaño de antílopes, amedrentado, retiene su ímpetu peculiar,
    el armiño rapaz deja de arrastrarse detrás de la perdiz salga.

    Y el corazón de mi alma, desnudo te imagina,
    Volviendo a la esencia del nacimiento,
    Como el sonido puro de ese violín melancólico,
    Tocando un bosque húmedo o templado,
    Sintiendo la onda de la tierra mojada,
    Me sorprendes adormecida,
    Y no es necesaria alguna explicación,
    Protagonista de la indecisión.

    Ahora, en el momento de escribir estas últimas líneas,
    A través de los torbellinos de nieve,
    O de las tempestades de arena,
    La mirada se dirige involuntariamente al océano,
    Vasto teatro de mis correrías e aventuras,
    Sucede entonces una alquimia de gritos mudos,
    De donde mana la presencia eterna de la belleza.

    Dejo mi libro,
    Apago la luz,
    Guardo la luna en la cortina,
    Y solo la almohada me acaricia.
    (Ekadanta)
     

    #¬[*]~~º{ª}=?

    Caminan a la Luz de la luna,
    entre guirnaldas de fuego,
    sus sombras proyectándose sobre las palabras y los paisajes.
    Como las hojas de los árboles,
    esperan caerse en un momento u otro,
    son aquellos en quienes el amor divino se ha enfriado.
    Ni ángeles, tampoco demonios,
    sólo mortales de los más comunes,
    tinieblas de nuestras vidas, tienen una paciencia infinita.
    Los días.
    Y en el aire ya se nota algo distinto,
    se percibe en la Naturaleza una quietud,
    una actitud repentinamente vigilante,
    como si todo ser vivo que depende de ella para su existencia,
    se hallase en sintonía con sus ritmos,
    y supiese de manera instintiva lo que esta a punto de ocurrir...
     
    (Ekadanta)