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    f l o t a r

     
     
     
    deja que el niño que llevas dentro vuelva a nacer

    Se apoyó contra el tronco de un árbol, a la sombra...

     
    ...ya de la misma manera que las abejas llevan escrito en la lengua, la boca y el estómago que tienen que producir miel, también llevamos nosotros escrito en los ojos, los oídos, la médula de nuestros huesos, en todos los lóbulos de nuestro cerebro, en todos los sistemas nerviosos de nuestro cuerpo que hemos sido creados para transformar lo que absorbemos de los frutos de la tierra en una energía particular y de una cualidad única en este planeta. Ningún otro ser, que yo sepa, ha sido diseñado para producir como nosotros ese extraño fluido que llamamos pensamiento, inteligencia, entendimiento, razón, alma, espíritu, potencia cerebral, virtud, bondad, justicia, saber; pues posee mil nombres, aunque sólo tenga una esencia. Todo en nosotros le ha sido sacrificado. Nuestros músculos, nuestra salud, la agilidad de nuestros miembros, el equilibrio de nuestras funciones animales, el sosiego de nuestra vida soportan el esfuerzo cada vez más grande en su preponderancia. Es el estado más valioso y el más difícil al que se pueda elevar la materia. La llama, el calor, la luz, la propia vida y el instinto más sutil que la vida, así como la mayor parte de las fuerzas inasibles que coronaban el mundo antes de nuestra venida palidecieron en contacto con este efluvio. No sabemos adónde nos conduce, lo que hará de nosotros ni lo que haremos nosotros de él...

     

    Así que a los que no comprenden,
    a los que se les escapa o les supera:
    dibújenlo,
    aunque sea en un trocito de papel,
    aunque sea a grandes trazos,
    con un sencillo lapiz o un boli,
    pero dibújenlo...
     

     
    Querer dibujar algo es tener que detenerse a observar,
    y observar, ya lo verán, es ya escuchar
    para intentar comprender...
     
     

    (Ekadanta, Mediterranéo - 2007)

     

    El jardín de los cerezos

     

    Sobre las paredes de la esfera donde casi todos soñamos de amor,

    nos venden un mundo sofisticado sin ningún rasgo de humanidad.

    Hay un pasillo lleno de pareceres y al final de estos subterráneos

    los románticos siempre pierden.

     

    Con alas de cachemira azafrán, fugitiva cabalgando por las noches

    mis dragones escarlatas, tuesto mi último cigarrillo, os espero.

    Ya aceptamos que vivir es un retruécano,

    y que la muerte se ha vuelto un estado permanente.

     

    Jamás tendremos bastante morfina para anestesiarnos la mente.

     

    En este carnaval extraño donde los ángeles caídos

    bajo un cielo de carbono a las horas crepusculares

    sodomizan los espejos, están asesinando un homo sapiens reanimando neandertal.

     

    El bípedo a posición vertical no tiene más opciones:

    se mantiene en pie chupándose las neuronas para no volverse loco.

     

    Mientras tanto,

    mi cuerpo, el rojo de mis labios y el azul de tus ojos,

    encantos tenebrosos de las ruinas sobre los lugares

    coagulan el tiempo.

     

    Repentinamente, me precipito en humo en las grietas del parque.

     

    Dime,

     

    ¿A que pueden parecerse tu spleen, tu desesperación o tú pena,

    vistos desde una de las estrellas anónimas de la constelación del perro?

     

    ¿No es maravilloso sentirse cogido en la trampa?

     

    A veces sueño de despegar, de morir por inadvertencia…

     

     

    (Ekadanta)

     

     

    A las cuatro de la tarde, entre un libro abierto y el inmovilismo…

     
    Me gustan los que hacen algo
    porque piensan que merece la pena intentarlo,
    y los que piensan que la libertad es compartir,
    disfrutar el camino sin tener prisa por llegar…
     
    No me gustan los que creen que lo saben todo,
    ni los que creen que no saben nada.
     
    Me gustan el silencio y la naturaleza,
    el ser humano, el sol y la luna,
    mi jardín, un libro abierto, la pintura y la poesía,
    reír, llorar, emocionarme, y saborear maría sin mezclarla,
    sentirte a mi lado adormecido
    cuando la madrugada esta apenas por llegar,
    ayudar, soñar, escuchar y entender, aceptar,
    ser entendida y aceptada,
    observar mi hijo crecer y charlar con mi abuela.
     
    Contemplar el mar mediterráneo
    y conducir a grande velocidad.
     
    Tomar un vaso de vino tinto con un trozo de queso de cabra seco
    a las cuatro de la tarde bajo la sombra de una viña.
     
    Me encanta no gustar a todo el mundo y,
    encender la chimenea,
    desayunar en la cama y tener la mente vacía,
    la vida, la soledad y la independencia,
    el desorden a la esquina de las sabanas
    dejando brotar una sonrisa, la tuya si estás,
    tus manos con el fuego y la música,
    los colores de nuestras almas
    la tormenta que nos electriza,
    y la fresca lluvia de primavera.
     
    De vez en cuando olvidarme de todo(s)…,
    y pasarme de la cuenta, llena de locura y satisfecha.
     
    No me gustan el desprecio y la indiferencia,
    la falta de confianza y ser clasificada,
    la falsa modestia y la vulgaridad,
    la gente intolerante y racista,
    el piropo ávido y tramposo,
    el orden establecido y el abstencionismo,
    las historias sin pasión,
    el egoísmo acomodado,
    el café-solo sin hielo,
    el fatalismo, la licitación y la negación,
    el inmovilismo, el rechazo sin explicación,
    la critica destructiva por el simple placer de vomitarla,
    la política mundialista y anti-humana,
    el lema compro luego existo,
    la presencia de la nada,
    la carne y la ducha fría,
    la cobardía, la opacidad, y la falsa apariencia
    la verdad que prefiere disfrazarse en mentira.
     
    Y no puedo callar cuando anhelo gritar, ni llorar cuando necesito reír,
    impedir y prohibir cuando se puede vivir y dejar vivir.
     
    (Ekadanta)
     

    dosmilnueve...